26/12/2013 javiercasanoves

Reflexiones de un joven maleducado

Es Navidad. Es tiempo de compartir momentos con aquellos que más quieres. Pero también es tiempo de reflexión. Reflexión sobre la vida, pasada, presente y futura. Y en mi caso, disfrutando recientemente de una familiar dinámica de grupo en la que participaban componentes de edades muy diversas, pude entender, o ignorar un poco más, el abismo existencial que se refleja entre unos y otros dentro del sistema capitalista. 
En dicho debate, alguien alardeaba de su colosal experiencia profesional, la cual le había llevado a desempeñar cargos altamente retribuidos a nivel social y económico. Pero, sus palabras resonaban tristes. Tristes al pensar que 35 años de carrera profesional no han sido más que un leve suspiro. Todo empieza y todo termina en esta vida. Y ello me lleva a pensar que lo que realmente importa en este singular camino es culminar tu ciclo de vida habiendo llevado una trayectoria ciertamente ordenada. Porque, aunque soy partidario de que todo Don se debe exprimir con trabajo y sacrificio, al final del túnel solo quedará el grato, o triste, recuerdo de cuan bien te comportaste con los demás, cuan bien desempeñaste tu papel al servicio de tus congéneres y cuan bien cuidaste la semilla que deberán seguir tus predecesores. Porque en esta vida todo es reemplazable. Todo excepto tus recuerdos, tu servicio al prójimo y tu buena voluntad.
Creo que la sociedad ha mal educado a los jóvenes. Jóvenes a los que se les parte el alma pensar que no tendrán suficiente dinero para afrontar la hipoteca o para conservar el coche de gama alta que un día decidieron adquirir. Jóvenes focalizados en continuar la senda de sus progenitores y que, a fecha de hoy, todavía no han llegado a vislumbrar el regalo que la dificultosa época económica-social ha traído consigo. Y digo regalo porque, como decía Einstein, es en la crisis cuando nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. 
Jóvenes que, acostumbrados a tener el frigorífico rebosante de comida, no logran ver que no es más rentable almacenar stock que probablemente no se consumirá, sino tener disponible el stock preciso en el momento de consumirlo. Porque la sociedad necesita un cambio de visión. Pero no un cambio extrapolado después de asistir a las típicas conferencias sobre proactividad y gestión del talento. Sino un cambio de fundamentos. Fundamentos internos que les lleven a comprender la diferencia que existe entre vivir con el puzzle completamente montado y aprender a convivir con sus piezas totalmente desordenadas. Porque las empresas del hoy, aquí y ahora requieren de una desestructuración. Desestructuración en los métodos de trabajo, en la gestión de su capital humano y en la ubicuidad de su estrategia. Porque la moraleja de esta profunda crisis económica no es otra que volver a los orígenes aprendiendo a surfear las olas. Porque tan bueno es aquel que ha trabajado sus 35 dorados años en una misma empresa como el que en sus años de profesión aprende a reposicionar las piezas del puzzle según convenga en cada momento.
Sin duda, el foco de infección que tiene la sociedad esta asentado en el interior del propio pensamiento. Pensamiento que denota pereza al cambio de escenarios y miedo a vivir sin piezas que, durante décadas han permanecido fuertemente amarradas pero que, a fecha de hoy, es momento de desatar y dejar que algún día la marea las traiga de vuelta, o no, hasta la orilla.
Feliz Navidad y próspero año nuevo,
Javier Casanoves



Contacto y Networking

¿Qué tal si hacemos sinergias y estamos en contacto en las diferentes Redes Sociales?